Monday, January 31, 2011

El pasado es mi maestro

Con esas palabras salí hace poco de una grata reunión semanal donde saco un rato para conectar conmigo misma y con otras personas. Al finalizar cada reunión tenemos que decir aquello más valioso para nosotros durante la misma. Desde que se dijeron las palabras que le dan título a esta entrada, tragué fuerte, pues supe desde ese instante que esa iba a ser mi “perla” de ese día…el problema en es mismo instante era también, que tenía que decirlo en voz alta… y eso implicaba por naturaleza una admisión del hecho que encerraban estas sencillas pero profundas palabras…

Bien dice la canción:  “maestra vida camará, te da, te quita, te quita y te da” …aprendemos de nuestro pasado, y si aceptásemos el pasado como nuestro maestro, nuestra experiencia de vida sería mucho más fácil. Primero que nada, idealmente evitaríamos repetir patrones—o los repetiríamos a conciencia…pues si los reconocemos, el instinto de conservación debiera activarse y protegernos…sin embargo…frecuentemente no es así…y no es hasta muy tarde que vemos el patrón que debimos haber previsto…y es ahí que comienza la parte peligrosa…el auto-censor se prende, y nos reprocha y nos castiga, y se manifiesta en múltiples maneras que de a poco van azotando el ego…lo que nos lleva a lo más importante en esto de aceptar el pasado como maestro…

Al aceptar, y como recién he adoptado yo, bendecir nuestro pasado, nos aceptamos y bendecimos a nosotros mismos…. nos llevamos al trato de amor y perdón hacia el ser más importante de nuestras vidas: nuestro YO. Bendecimos acciones y decisiones pasadas sin pasar juicio, pues son los que nos llevan al ser que somos hoy. Quizás hemos de ser como el oro, que debe aguantar golpes (metafóricamente hablando, claro está) para dar paso a obras maravillosas—nuestro irrepetible ser es un cambio constante, somos energía y evolución—quizás hasta seamos revolución…y por tanto…ese pasado que nos lanza a veces por senderos inexplicablemente desconocidos, tiene un propósito en nuestra vida…al fin y al cabo….”todo lo que me pasa es por mi propio bien” ..y no se trata realmente de dónde vengo, sino a dónde voy…

Dando y recibiendo

El diario vivir muchas veces nos ahoga y no nos permite ver las pequeñas cosas que verdaderamente son valiosas en la vida. Recientemente leí una nota de una compañera donde va narrando su aventura de vida en un viaje de redescubrimiento espiritual que ha estado haciendo en la India. Realmente no sé si así lo llama ella, pero así lo he llamado yo. En dicha nota, ella citaba a su papá cuando le aconsejó llevar el corazón liviano siempre, y enviar bendiciones cuando le viniesen “pensamientos difíciles” …y yo sé que este consejo no estaba dirigido a mí en el momento en que su padre se lo dio a ella….pero pensando en la ley de dar y recibir…no existen casualidades, y ese consejo que le fuera dado a ella, y plasmado en sus notas fue su manera individual de poner en práctica esta ley espiritual. Desde que leí esa nota por vez primera, he regresado a ese pedacito: “Vete con el corazón liviano. Cada vez que pienses en ellos, si vienen pensamientos difíciles, envíales buenas vibras”—varias veces…y he pensado en él… innumerables veces…lo he recibido….y es momento de ofrecerlo—pues debemos mantener el fluir de la energía…debemos dar aquello que deseamos recibir, pero no porque deseemos recibirlo, sino porque ultimadamente, lo que generosamente sale de nuestro espíritu, regresa a nosotros con creces…

Diariamente nos enfrentamos con procesos—grandes o pequeños, que nos obligan a detenernos o a cambiar el curso…debemos aprender a ser como el agua, a fluir entre terrenos, piedras, montañas, valles, a empequeñecernos cuando el camino sea angosto, a unir fuerza y clamar territorio cuando se nos despoja del mismo…

Saturday, January 1, 2011

¿Perdonar o aceptar? Simplemente se trata de SOLTAR

Acabo de leer tres posturas distintas sobre el perdón...o la necesidad de perdonar cuando hemos sido heridos. Una de estas posturas provenía de un maestro budista, otra de un psicólogo y otra de una persona experta en ética...en suma se presenta una situación en común: alguien cercano a nosotros nos hiere....y qué hacemos? La respuesta--a mi entender natural-- es sentirse traicionado, enojado-- uno pasa por algo así como las etapas del dolor...las posturas examinadas planteaban lo siguiente: el budista afirma que el perdón es parte de la compasión, que en el budismo el perdón no es algo que tengamos o que debamos hacer--el ir a una persona y decirle "te perdono" nos saca de la compasión y nos lanza dentro del mundo del ego. Planteaba que como individuos somos parte de un "todo" y que sí, el dolor que otros nos causen es una forma de alimentar el ego porque de cierta manera nos define el decir, 'fulano me hirió,' y al ser esto de esta manera no es otra cosa-- el reconocer este dolor y asirse al mismo-- que un obstáculo al perdón. Sin embargo,  lo que sí podemos hacer es simplemente alejarnos de esta fuente que ocasionó el dolor, podemos optar por no permitir que este dolor conectado a esta persona siga siendo fuente de energía negativa en nuestras vidas-- y, planteaba este maestro, este alejamiento es frecuentemente lo más compasivo que realmente podemos hacer. 


La siguiente postura, planteada por el psicólogo, y plantea que la noción de que uno tiene dos opciones, perdonar o no hacerlo. Afirma que existe un concepto generalizado de que perdonar es bueno-- que las personas BUENAS, perdonan. Y presenta la interesantísima postura de que esto puede ser una falsedad ya que no es que el perdón sea saludable, sino que el odio nos eleva los niveles de cortisol y otras hormonas relacionadas con el estrés lo que hace que nos sintamos miserablemente infelices. Plantea que el asirse al resentimiento nos enferma. Y plantea que lo que debemos hacer es ACEPTAR, con o sin perdón. Alega que cuando hemos sido heridos por alguien que no se arrepiente de lo hecho contra nosotros o que es incapaz de pedir perdón, independientemente de las razones para ello, lo mejor es aceptar lo sucedido. Al aceptar lo que pasó, nos elevamos por encima de esa afrenta en contra nuestra y hacemos las paces con nuestro pasado. A través de la aceptación, tomamos un paso adelante en nuestra sanación emocional y espiritual. Además decía este psicólogo que el perdón genuino se debe reservar para aquellos con la valentía suficiente de dar un paso adelante y reparar el daño hecho. Nuestra meta debe ser, según este experto, obsesionarnos menos con las injurias que sufrimos, grandes o pequeñas. Podemos, decía, aprender a desprendernos de estas preocupaciones y al mismo tiempo, saber que cuando hemos sido heridos, la decisión de perdonar no es requisito para nosotros ser mejor persona. 


La postura de la persona experta en ética no presentaba nada nuevo-- al menos para mí-- la decisión de perdonar es de uno-- y el asirse al incidente que nos hirió es realmente entregar el control de ese aspecto de nuestra vida ya sea a la persona que lo causó o al incidente mismo. Y es muy cierto, pero no es nada nuevo bajo el sol. Quizás por mi ignorancia--pues el conocimiento es tanto que no se puede abarcar todo aunque se quiera-- las posturas anteriores me llamaron más la atención, y he decidido que voy a juntar lo mejor de las tres por eso de combinar lo conocido con lo recién aprendido. 


En la vida damos varios tropiezos-- eso es lo que da forma a nuestros caminos, y a lo largo de los mismos, vamos coleccionando cicatrices de todos los tamaños que se quedan como recordatorios de esos tropezones. Hoy, primer día del año de una nueva década es buen momento para tratar de tornar el timón a nuestro favor, decidiendo con ello, que no debemos entregar nuestra vida a recordar resentimientos acumulados por aquellas injurias cometidas en contra nuestra. Debemos ser cariñosos y compasivos con el ser más importante de nuestra existencia--que a veces se nos olvida que está ahí: nosotros mismos. Debemos retirarnos de aquello que nos causa dolor, sin necesariamente tener que ir a la fuente del mismo y decirle "te perdono"-- en situaciones tóxicas movidas como éstas son tan dañinas como la persona o relación misma. Finalmente, debemos aceptar lo sucedido y hacer las paces con el pasado, encarar el nuevo año, mes. día, hora, minuto, momento, con la valentía y convicción de que el dolor que se nos causa no nos define como personas. Lo que nos define es hacia dónde nos dirigimos a partir de ello, con paso firme, con rostro valiente. 
Mientras redactaba esta entrada iba y venía por otras ventanas abiertas en el "browser" y una amiga compartió este enlace mientras estaba llegando yo al final de este escrito. No creo en las casualidades...si has llegado hasta aquí, es requisito indispensable que leas el parrafito de ese enlace...no te vas a arrepentir...y 
 S U E L T A