Anoche saqué mi pena de paseo.
Salió en veloz carrera,
como si huyendo de sí
pudiese borrar su esencia.
Huyó despavorida, sin ruta,
un tanto desorientada,
llevándose por el medio
a quienes trataban de detenerla.
Apoderándose de ella la fatiga,
bajó el paso,
deteniéndose a mirar flores marchitas,
tan marchitas como ella.
Al soñar con estrellas
quiso subir a pasear con la luna,
a ver si así se transformaba ella...
No hubo remedio,
nada cambió a mi pena...
sólo se hizo más grande,
y en su viaje de regreso a mí,
pesaba más que nunca antes.
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