En la medida en que nos liberamos del miedo se abren varias puertas simultáneamente. Al vencer el miedo a Dios podemos vencer el miedo a nosotros mismos, apoderarnos de la afirmación individual debe ser nuestra meta en la liberación de este miedo. En la medida en que nos apoderamos de nuestra individualidad le perdemos el miedo a lo demás, al qué dirán. Esta liberación nos permite establecer nexos genuinos con el prójimo, y al establecerlos, nos movemos como individuos en el colectivo social. La conciencia social debe entonces cerrar las brechas entre clases, lo que daría paso a la justicia—y de esta manera, podríamos lograr una vida social más saludable, sin preocupaciones, con vínculos puramente espirituales, que por su naturaleza son indestructibles.
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